#2 Él y su armadura.

Había pasado mucho tiempo. A veces estaban muy ocupados, otras veces simplemente la pereza les invadía. Por fin los astros se alinearon y pudieron quedar. No era una ocasión más, era algo peculiar, buscado y planeado. Él llegaba herido, Ella lo sabía. Sabía que no sería fácil, pero aún así aceptó ceder su hombro para que Él se pudiera desahogar.

El encuentro llegó y las primeras palabras de ambos fueron esas consabidas frases para romper el hielo. Los dos sabían que llegarían a los temas importantes. Llegarían a esos momentos en los cuales Él hablaría sin freno y Ella escucharía atentamente.Aunque esperado, no dejó de ser doloroso para ambos. El ejercicio de escuchar es tan difícil que por momentos se convierte en angustioso, sobre todo por la sensación de impotencia. Ella asentía y recibía calladamente los dardos envenenados que Él extraía de su armadura hasta ese momento infranqueable.

El veneno salió y salió hasta que llegó ese momento de silencio, ese momento de "Ya está". Ella había sentido cada una de sus palabras y buscaba esas frases que pudieran recomponerle. De pronto, esas frases fluyeron y no fueron complicadas, ni de decir ni de entender, fue algo sencillo, incluso simple. Ella supo en ese momento que era lo que Él necesitaba.

En su rostro, Él, aliviado, reflejeba el efecto sedante de la descarga emocional. Ella, relajada por haber acertado con las palabras sanadoras se limitaba a pensar e incluso decir en voz alta "¡Qué bueno eres!". La magia de aquel momento quedaría grabada para siempre en la memoria emocional de Él, ese momento doloroso y complicado que se había convertido en algo sencillo y relajante con un par de palabras, palabras sí, pero palabras pronunciadas por Ella.

Más tarde en el coche, Él tuvo claro que Ella, Ella era lo que el resto de seres humanos llaman UNA BUENA AMIGA.

toeasawriter

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