Zahara duele.


Hola, simplemente no estaba preparado. Creo que tampoco lo estoy hoy. Quizás nunca lo esté. Esto que vas a leer no es una crónica de un concierto. Debería haberlo sido. Incluso debería haberlo sido el sábado antes de las 10 am. No lo fue y nunca lo será.
La música es intensa en mí, quizás demasiado. De las horas que paso despierto, un 80% tiene que ver con este arte que me da de respirar. 
Bien, el concierto de Z en la Galileo era mi momento all-bran/espiritual de la semana. Realmente lo esperaba desde hace tiempo. Ya conoces mi gusto por esta pequeña chica pop y con el segundo disco nos ha conquistado a muchos más aún. El sold out y las millones de voces tuiteras ansiando el concierto no hicieron sino crear más expectación en mis ya de por si hambrientas orejas.
Segundo tema: colapso mental. No, no me gustó el concierto de Zahara. No pude disfrutarlo. No puedo decir que fue increíble. No pude... es mi incapacidad.
Has leído mil crónicas y visto medio millón de vídeos en el youtube rezando y proclamando el gran éxito de Z en Madrid. Es cierto, que mis palabras no te engañen, fue algo histórico y sonó genial... pero sobre todo DOLIÓ
Las caras, las facetas y las emociones que provoca la música son muchas veces inexplicables. Es la magia de la música que te sube y te baja de cualquier pedestal en cuestión de segundos. Con la distancia de las horas, puedo decir que el nuevo disco de Zahara cumplió en directo con lo que propone en disco. Duele, escuece, escupe, mata, remata y baja a los infiernos. Esto a mí no me sorprendió. Sabiéndome estudioso del primer disco, ese disco que al quitarle la suave capa de algodón de azúcar denota un desamor apabullante, vi en este disco nuevo y tóxico otra cucharada de arrancarse el corazón con seis cuerdas, esta vez más afiladas, pero cuerdas al fin y al cabo, bien llevadas y guiadas por una Z más madura y más sabia (y más conocedora de su poder actual bien merecido).
Cuando te crees muy listo normalmente es cuando más errores cometes. Te fías de tu capacidad, te confías y metes la pata por completo. El viernes quebré, me rompí e intoxiqué.
La música, su música, me enseñó una nueva cara que jamás había experimentado. Hoy puedo pensar y reconducir al menos la tercera parte de mi cabeza, esa cabeza que perdí en el segundo tema del directo. Podría seguir divagando y aburriéndote con estas letras, al fin y al cabo, estás leyendo esto pensando en que se trata de una crónica del concierto. No, no es eso, es una demostración de poder. El poder de la música con sentido, con contenido, con emociones cercanas... tan cercanas que a veces te destrozan por completo y aúnan en segundos todos los demonios anuales y terminales que uno trata de esconder y matar.
Gracias Zahara, llevas tiempo a mi lado y sigues cumpliendo misiones imposibles en mi sentir diario.

Toe*

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Gracias Toe por verbalizar lo que siento por la música, lo que me aporta y lo que me (re)mueve... no es una crónica es mucho más.... es atreverse a entregar el alma a los demás.

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