Julio de la Rosa, la joya dentro.

Teatro Lara 17.10.13
No era un día insoportable, ni hacía mucho, mucho calor. El ambiente refrescaba en las calles de Madrid mientras la noche nos buscaba en la puerta del Teatro Lara. Nuestros pasos nos llevaban por un hall abarrotado hacia la butaca confortable que nos haría pasar por mil emociones.
Pero no los mosquitos.
Fue en el otoño del 13, sin mirar los periódicos, cuando Julio de la Rosa se decidió a soltar la fiera que lleva dentro en un escenario acolchado de imágenes y momentos. Ganas como puños, sonidos enormes y mutaciones, más bien trastornos, que nos hacen comunes al espíritu de la Rosa.
Todo cuanto podíamos decir era: kill the mosquito.
Apareció un Julio dispuesto a sentar cátreda y deslumbrar a propios y extraños con los faros enormes de un último disco que proyecta por encima de cualquier media, desmelena, cura y atiza como un látigo agridulce pero placentero.
Nos dio por preguntarles a aquellos 2 hombres si era cierto eso de que sólo había 2 maneras de matar el tiempo en una plataforma petrolífera: putas y caramelos.
Decidimos trastornarnos, uno más que más me da, darnos por perdidos en un mundo lleno de guantes que encajan en joyas sin fondo, escribir nuestras normas y romperlas sin treguas, a besos o a tiros.
Pero todo lo que supieron decirnos fue: kill the mosquito.
Mientras, coleccionamos sabotajes y contamos uno a uno los escombros de un corazón que ha tenido que pasar muchas horas dentro de la tierra yerma de la indiferencia y el dolor.  Lucimos nuestras heridas con sal y animales molestos sobrevuelan nuestros sueños nocturnos y nos hacen llegar tarde a todas partes.
Al llegar frente a nosotros se pararon, el uno al lado del otro, y nos miraron fijamente.
Detrás de ellos vemos como nuestra fiera, la que todos llevamos dentro, esa que Julio revive y hace saltar para no aburrirse detrás, sale a escena, colapsa los sentidos y empata. Aunque me hagas bien, aunque me hagas mal... me haces, y eso es lo que cuenta, lo que al final del día te hace cerrar los ojos y saltar... si saltas.
Aquellos dos hombres, especialistas en plagas de insectos, no les dio tiempo a decir, kill the mosquito.
Una vez equipados con los calcetines de "rallas", nos manchamos la boca vomitando maldiciones comunes, bárbaras, de las que no te puedes librar, de las que te van a joder. Julio vuela entre las butacas, en formación, transformando el horno abutacado en una comunión donde matar a los mosquitos del aburramiento y la desidia, susurrarles cosas feas de manera bonita y así quitarle importancia a dolores, transtornos y dolencias que comunes o extraordinarias, nos acompañan en este mundo que es oscuro y yermo.
Caemos en la trampa, ya caímos en la trampa hace meses. El cebo trastornado de un Julio sublime, aderezado por una banda capaz de crear los más bellos sonidos, es perfecto, sabe bien, huele mejor y destila el alcohol de un éxito que más que merecido, es extraído sin anestesia de una herida de bala sangrante... pero necesaria.
Gracias Julio, you REALLY know how to kill the mosquito.

Toe.

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