Reikiavik, donde El Sol golpea el cielo.

Los cinco chicos de la banda con nombre de ciudad islandesa se habían decantado por este 24 abril como fecha para "desvirgar" sus actuaciones en la emblemática sala madrileña (sí, frase hecha.. pero que suena muy guay y es verdad).
Tarea planteada, tarea resuelta. El caso es que aunque esto suene a deberes que hacer, fue más bien un juego de esos que aparentemente son divertidos y se hacen por hacer, pero de los que acabas sacando un montonazo de aprendizajes. Yo antes de casi empezar mi vuelo islandés, ya aprendí una importante: Nunca debo llegar tarde a un concierto de Reikiavik.
El tema es que los cinco se plantearon un concierto de empaque, de los de poner todas las cartas en el asador y dejarse las carnes sobre las tablas. Las reservas son una cosa que estos nunca hacen, no dejan nada para la próxima.
Su Daño Universal ha dado más vueltas en mi cabeza y en mi reproductor que uno cuando intenta aparcar en el centro de Madrid. Con un genial elenco de temas poderosos, bien diseñados y ejecutados en un primer lp que me deja un sabor de boca exquisito, jugando con todas las referencias e influencias que les gustan (que nos gustan) y al mismo tiempo, haciendo crecer la semilla que plantaron en sus eps anteriores.
Se trajeron todo hasta El Sol, incluyendo las chanzas, la voz, las estremecedoras y sangrantes guitarras y los ritmos que nos recuerdan a muchos pero que ellos interpretan como pocos.
Ese abismo que existe en la música actual siempre lo he visto de la misma manera, y quitando números, cifras y billetes (de todos los colores), se nos reduce a lo mismo que esencialmente es: SER AUTÉNTICO.
En un mundo dictador donde los standards andan más que escritos y prescritos, hacer de lo tuyo tuyo es casi imposible. Hay pocos valientes que dan un salto mortal y cargan su revólver con balas de autenticidad, con pólvora de marca limitada, única y sin clichés chicles.
En mi opinión Reikiavik son de esta escasa pero valiosa clase. Quizás de momento no les de todo el fruto que ellos necesitan, pero creo que les está dando lo que ellos quieren: que los pocos (pero cada vez más) que navegan por sus calles lo hagan como un septiembre con cuadernos nuevos a estrenar.
Unos cuadernos que rellenar con historias evocadoras, a veces metafóricas, a veces crudas, a veces inspiradoras, a veces ejecutoras... historias que hablan de daños sufridos pero curados.
Y en una de esas páginas de nuestro cuaderno y del suyo, se quedan las imágenes de este primer encuentro solar, de ese resonar machacón y tribal de la outro de Abismo, del muro de sonido flameante de las canciones nuevas y de las de siempre, de las palmas del público contento y ansioso de más.
El juego había acabado, la lección aprendida sin querer. Sin casi pestañear nos dimos cuenta de que los deberes estaban hechos, El Sol desvirgado y las caras de los cinco Reikiaviks resplandecientes.
Yo nunca llegaré tarde a otro concierto de ellos al igual que tú no deberías llegar tarde a su música, a su tierra, esa que gira alrededor de trucos de acróbata que sana sus daños con los sabios versos de una vida donde el disfrutar destierra al sufrir.
Toe.

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