Vetusta Morla y su panorama de fuego.

Para empezar a ordenarme, ya que después de cuatro días aun me cuesta, te propongo que leas la definición de la RAE de esta palabra:

panorama.
(De pan- y el gr. ὅραμα, vista).

1. m. Paisaje muy dilatado que se contempla desde un punto de observación.
2. m. Aspecto de conjunto de una cuestión.
3. m. Vista pintada en un gran cilindro hueco, en cuyo centro hay una plataforma circular, aislada, para los espectadores, y cubierta por lo alto a fin de hacer invisible la luz cenital.
4. m. En los teatros, gran tela de superficie plana, de color uniforme o con pinturas, situada al fondo de la escena, que, adecuadamente iluminada, da la sensación del cielo natural o de amplitud ambiental.

Malusando estas acepciones y volcando mis sentimientos en estas letras, voy a tratar de explicarte lo que pasó el jueves 29 de Mayo en La Riviera de Madrid con Zoé y Vetusta Morla.

El paisaje al entrar en la sala era bastante agradecido. Los pronto_llegadores ya disfrutábamos de la exquisita elección musical de DJ Pichurra previa a un concierto de los abridores Zoé.
Los mexicanos llevan una carrera mundialmente psicodélica en toda América. Su amistad con VM nos permite de vez en cuando tener el honor de verlos en directo por acá. Bien, el aspecto en conjunto del conjunto es muy grande, profesionales que afinan cada nota de sus instrumentos bien programados mientras sueltan su nueva criatura en el teatro del vivo y directo. Las canciones de Prográmaton inundaron la sala y la hora de concierto de toques de psicodelia D.F., estribillos con roces bonitos, bailes cadenciosos y sobre todo un sonido que nos propone un panorama de placer desde que comienza hasta que termina. 
El cielo que atraen con sus manos para instalar ese software que te arrulle el alma, que te ayude a encontrar la velocidad de la felicidad, la que tú marques, bien a cámara lenta o bien sin freno. 
Un buen puñado de temas que nos dejaron contentos y lograron hacer que el cebo de "hey, no me conoces pero sé que te puede gustar lo que hago" funcionase a la perfección, te lo digo desde el alma y con el corazón abierto, captando el oído de mucho espectador ansioso de la atracción principal de la noche: Vetusta Morla.
Mucho se ha escrito ya desde 2008, y antes incluso, sobre este proyecto único, asentado ya, peculiar y arrasador a nivel nacional e internacional. El dilatado punto de observación de estos chicos ya ha tramado 3 discos completos, en el más inmenso significado de la palabra. Tan grande puede ser su vista que incluso es capaz de mover la fe de muchos conocedores y atraparlos en su nueva e imponente Deriva.
El disco que engrosa la carrera impoluta de VM traía su luz cenital a la Riviera para llenar de brillo 5 noches casi seguidas... conseguidas.
La primera es la más difícil, dicen. El montaje mastodóntico y la cuidada acción de "miles" de operarios daban paso a un Pucho que ejercía de maestro conductor desatando el cabo de este barco de dos horas.
Alistados en el ejército más suicida cogimos el timón de nuestras más dolidas y doloridas derivas para hacer que la esperanza nos cuidara. La energía del ritmo de estos feriantes, desde luego, aniquila cualquier agonía que tengas en ese momento. Con una descarga derivada y casi sin pestañear, iluminados por focos eléctricos, VM nos hizo despegar. Desplegando todas sus nuevas alas, con plumas de acero pero más ligeras que nunca, hiceron daño en lo gris, lo exterminaron, lo machacaron para dejar que ese fin del mundo feo hicera noche, la primera, en esta Riviera que rugía tan alto como las nubes en el cielo.
Orgullosos de su fe y de la de su público se atrevieron a desenroscar alguno de sus mapas, visitar con la piel de gallina esa capital del norte de Europa para huir de espejismos, declararse valientes con todas las intenciones, repasar los colores de la habitación y ver que en el espejo solo refleja lo que tu juego ha dejado así.
Su plataforma circular pintada para que cuadre entre lo de ayer y lo de hoy, tan perfecto, tan milimetrado que es imposible perder el tiempo en parpadear. En un abrir o cerrar de ojos, la mosca en la pared puede escapar, el emisario puede no entregarte tu valija o tu dulzura puede perder el sabor que la hace siempre, única.
Y así ocurrimos, concurrimos, durante dos horas. El sudor resbalaba por nuestra piel y nuestro vello erizado abría cada uno de los regalos que nos merecemos porque creemos, porque en algún momento creimos y crecimos, con ellos.
Nos queda mucho más, les queda mucho más. La Deriva no tiene principio, no tiene final. Es solo una pequeña chispa, una vez más, que es capaz de taparte del frío, guardarte de tus enemigos y luego incendiarte hasta que veas que tu fuego... eres .

Toe.

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