Xoel López es universal.


Cuando nos encontramos
hablabas siempre del amor.
El amor no es lo que piensas,
el amor no es lo que piensas.


Resulta que el teatro Nuevo Alcalá era el lugar perfecto para hablar de este amor que no pensamos. Xoel está tocando orilla con su Atlántico y como buen conquistador, está quemando las naves al verse muy firme en el nuevo contenido y continente de su proyecto personal. Y es que ,sin duda alguna, este gallego siempre es personal en todo lo que hace y sobre todo, en lo que crea.
Butacas tomadas por sus espectadores, muy espectantes por comprobar si el hoy de Xoel sigue en paz afinada con el ayer de Xoel. Un hoy y un ayer que desde luego tienen claro que el mañana va a ser extraordinario, como un volcán lleno de poesía a rebosar, universalmente hablando.
Cuando nos conocimos
sólo buscabas libertad.
Eso lo buscamos todos,
eso lo buscamos todos.


Resulta que la libertad de tener apellido le ha permitido dejar de buscar, conocerse y dar de sí todo lo que siempre llevaba dentro, incluso desde antes de conocernos. Con su banda oceánica perfectamente pertrechada, todas estas nuevas conocidas canciones brillaban entre luces con palcos de honor y un sonido que tenía el mejor sitio para visualizar un concierto que emanaba ganas, deseo y pasión por ser bordado.

Cuando nos reencontramos
querías volver a empezar.
Te confundiste con la soledad,
te confundiste con la soledad.


Resulta que volvió y no se confundió. Tampoco estuvo nunca solo. Si una cosa está clara con Xoel es que su talento, su genio y su ingenio se han labrado pasito a pasito una carrera ejemplar de la que siempre disfruta. Hombre de ninguna parte, caballero poeta, turista del mundo, navegante de volcanes y acelerador de partículas de la emoción. Así es Xoel López, capaz de reconstruirse de verdad, sin perder un ápice de seguridad en que su camino solo lo anda él y que las baldosas son sus canciones, canciones que cada vez están más fijadas en el suelo.

Cuando nos dimos cuenta
habían pasado años ya.
Acabarás haciéndome daño,
acabaré haciéndote daño.


Resulta que los daños han pasado ya. Acabamos haciendo años de Xoel y él mismo se ocupó de enlazar esos pasados que son pesos pesados, aclarando que son parte de su esencia y dándoles vida eterna una vez más ante un respetable que se levantó sin frenos para disfrutar de esta historia que es y será siempre universal: el amor a la música.


Cambiamos nuestros planes
y hablabas de disfrutar el momento.
Un momento es muy poco tiempo,
un momento es muy poco tiempo.


Resulta que el tiempo es relativo. Todo parece volar en un momento cuando tu sonrisa eterna brilla ante los acordes que transmiten el plan perfecto. Un plan que Xoel y su compañía saben llevar a cabo. Un cabo donde el faro de la Torre de Hércules se refleja en puertos bonaerenses y se proyecta en cines de Brooklyn. Ida y vuelta, vuelta e ida para ver que mucho o poco no tienen que ver con el tiempo sino con el disfrute que hagas del mismo. Desde luego, esta hora y media larga tuvo mucho de mucho y poco de poco. Disfrutamos, sonreímos.
Cuando nos despedimos
abrías una puerta más.
Encontrarás algo mejor,
encontraré algo mejor.

Resulta que Xoel es un abridor empedernido de puertas. Es un hecho, no cierra porque sus puertas, las personales, siempre están conectadas, amasadas y formadas para construir, reconstruir y avanzar hacia un adelante que está a un metro de distancia y que como buenos valientes, siempre será mejor.
Y esto, al igual que las hogueras de un San Juan, quema los fantasmas e inhala nuevas brisas de lo que vendrá, de lo que encontraremos en cualquier orilla que se atreva a arrimarnos a nuevos mundos.

El amor no es lo que piensas,
el amor no es lo que piensas.
El amor no es lo que piensas,
el amor no es lo que piensas.


Resulta que no lo piensas, lo sientes. Y ese sentimiento el que es verdaderamente universal. No entiende de espacio, tiempo o lugar. Va y viene pero viene y va. Se queda o se marcha, afina o desafina pero sin duda es, existe y está. Xoel lo sabe y sus canciones son carnes con cicatrices que buscan ese camino que atraviesa bosques de desesperación para encontrar castillos hermosos. Estos castillos, afortunadamente, no son de piedras y arena mojada, son reales, firmes, presentes y universales.

Toe.




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