El Proyectoe: Íñigo de Kenedy

La coincidencia y alguna recomendación desastre me hizo conocer a kenedy después de un concierto de Noel Gallagher en Madrid. En apenas 2 canciones y media me conquistaron. Cuatro años después son uno de mis grupos preferidos y he tenido la oportunidad de verles en directo, charlar con ellos e incluso tomarme alguna caña (con preparación de setlist incluída). Su cantante y compositor, Íñigo, es un tipo de Pamplona que siente esto de la música desde una visión muy personal, apasionado de mil canciones, con una historia rica, muy rica, detrás, es capaz de abarcar y sintetizar todos sus gustos depurando esos sentimientos en las canciones que cose desde hace años. Me dijo que sí al #Proyectoe y encima hizo algo muy grande que debes ver al final. 



[Escuchando Hoppipolla de SigurRos para mí el grupo que consigue sacar lo mejor de mí]

Cuando Toe me regaló el poder escribir estas líneas me vinieron mil imágenes a la cabeza; mis primeros ensayos; mi primer concierto; las cintas TDK en las que grababa canciones de la radio y las cintas de VHS en las que grababa los vídeos del canal Super y más tarde la MTV; los cientos de canciones que he compuesto, las cientos de personas que he conocido, la de conciertos en los que he participado, las miles de hora de ensayo y los momentos más íntimos, en los que he llorado como un bebé escuchando determinada canción; los momentos en los que me he dejado llevar, en los que he reído a carcajadas y sobretodo, sobre todas las cosas, a Patxi. Quizás sin él no estaría escribiendo estas líneas.

En mi casa siempre se ha escuchado música. Bien es cierto que no eran clásicos, pero ahí estaba. La he llevado conmigo siempre, creo que nací con ella en la sangre. Para mi es tan vital como lo puede ser el oxígeno. Pasé del Walkman al Discman, siempre en el bolsillo, procurando que no saltara el CD, andando con cuidado y con pausa. De ahí al mp3 y hasta ahora, el bendito Spotify que me permite saltar de la actualidad al Henry Rollins del 94 o el “Man in the box” del 90 pasando por cualquiera de los “You Can't Do That on Stage Anymore” del tito Zappa.

Soy de esa generación que esperaba en la puerta de la tienda de discos a comprarlo el día de su lanzamiento, ir a casa y escuchártelo enterito, una y otra vez. Marcando las preferidas, desgranando cada canción como parte de un todo, para luego hacerte tu cinta de mezclas y llevar a cuestas un orgasmo auditivo de 60 minutos. Echo de menos eso, la verdad. Esos minutos de aislamiento en el que toda tu atención se dirigía sobre un sólo objetivo: disfrutar de algo nuevo. Recuerdo el día que compré, a unas puntuales 10:00 de la mañana, el disco de Soundgarden “Down up the Upside”, ir a casa, darle al play y desconectar hasta que mi madre, a grito limpio entró a mi cuarto con un sonoro “¿estás sordo o qué? A comer!” a unas puntuales 14:00 del mediodía.

Y podría seguir a lo abuelo cebolleta con mi primera experiencia sobre un escenario, en unas fiestas colegiales con una cresta de cartón que me fabriqué versionando el “Anarchy in the UK”, la experiencia de montar tu primer grupo, los primeros ensayos (más bien borracheras con instrumentos) el primer concierto serio, aporreando un bidón de gasolina mucho antes que se viera en todos los festivales de España, las mil y una anécdotas relacionadas con los viajes, compañeros, amistades, bares, salas, técnicos de sonido, managers, fans y por supuesto las drogas y el rockanrol (sí, vamos a dejarlo ahí), pero hay que ser un poco más concretos, que esto es un artículo y no un ensayo.

Al final la música, si le quitas toda la mierda que le rodea, de la cual últimamente estoy asqueado y decepcionado, queda en algo tan puro como el sentimiento. Es el hilo conductor de cada uno de mis recuerdos. Familia y amigos, vivos o muertos; experiencias y personas que van pasando como una banda sonora a lo largo de lo que mi castigada memoria recuerda, y que consigue arrancarme una sonrisa desde mis entrañas, donde más fuerte siento la música.

Como guinda a este perfecto preparado emotivo, sensible y genial, Íñigo decidió compilar una canción por cada uno de sus años vividos. Just press PLAY Proyectoe Playlist

Muchas gracias Íñigo, tú que haces la música que sientes.

Toe.

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