No soy un fotógrafo profesional




En la pasada edición del Tomavistas pude estar acreditado como redactor y fotógrafo. Ha sido la cuarta vez que acudo con cámara a este festival: la primera en el Hipódromo en 2014 y las tres ediciones del Tierno Galván, 2016, 2017 y 2018. Me gusta pensar que gracias a hacer las cosas bien la organización siempre resuelve mi petición de acreditación de forma favorable. Por "hacer las cosas bien" entiendo que publiqué en las redes, asistí a todos los directos posibles, estuve en los fosos correspondientes siguiendo las normas y no molestando a nadie, ah y además disfruté del festival.


Me considero un fotógrafo amateur, aficionado a sacar algunos momentos bonitos lo menos borrosamente posible. La intención de mis fotos siempre ha sido la de ilustrar textos que hablen de lo que la música hace sentir. Nunca he pretendido vender mis fotos ni hacerlas "competir" con las que toman los fotógrafos profesionales. Ese no es mi cometido, mi cometido es y siempre será otro.
Considero que tener diferentes impresiones de un concierto, en este caso de muchos y muy buenos, es algo enriquecedor para la gran mayoría. Como consumidor de música siempre me ha gustado tener amplias miras al compartir impresiones sobre lo que la gente escucha, ve y disfruta. Al poder hacer fotos con una cámara "buena" pretendo incluir mi pequeña foto-visión de los hechos, mis momentos captados que aunque se puedan parecer a otros siempre van a ser únicos e intransferibles.

Por estas razones mis galerías de flickr (me encanta esta plataforma para alojar las fotos) del festival Tomavistas siempre son las más extensas. Me supone mucho esfuerzo y tiempo volcar todas las imágenes tomadas en dos días y seleccionar las que pueden tener valor. Por supuesto a esto le añadimos el tiempo de retoque digital, del cual no me gusta abusar ya que si se abusa la foto pierde autenticidad para mí, y el tiempo de subidas y comparticiones.

La experiencia es un grado pero es un grado que se adquiere con la práctica y con la oportunidad para obtener la práctica. En este 2018 tuve la oportunidad de fotografiar a un puñado enorme de artistas que me encantan desde los locos geniales de Perro (me enamoré de las proyecciones de Héctor de la Puente), pasando por el magnetismo de La Bien Querida, continuando con el exotismo de Altin Gün y alucinando al ver a los grandes tan de cerca, Ride, Superchunk, The Jesus and Mary Chain... pero sobre todo tuve un momento lisérgico con Los Planetas (tanto que lo conté en un post exclusivo).
Cada concierto tuvo su cosita particular en cuanto a fotos. Los que tienen luz de día siempre me hacen mucho tilín ya que la luz solar hace juegos muy bonitos durante la tarde y la orientación de ambos escenarios siempre juega a mi favor. Los que tienen luz artificial siempre son bien cuidados por el montaje del festival, si bien dependen del gusto de la banda claro. En estos últimos si se decide que van a sobresalir luces oscuras en tonos rojos y azules normalmente sufro más pero gracias a las "horas de vuelo" puedo sacar alguna decente de Jim Reid cogiendo el micro o de Jota empezando a rezar.

Antes de acabar me gustaría mandar un abrazo agradecido a las personas que trabajan a pie de escenario: la seguridad y las controladoras (María, Carla, Lorena). Desde el primer día ha valorado el trabajo sacrificado de ellos y de muchos otros para que nosotros disfrutemos de un festival tan complejo de organizar como el Tomavistas. Y no me voy a ir sin dedicarle unas palabras a Javier Rosa, fotógrafo oficial del festival. Me encanta el trabajo que hace, el respeto del que hace gala y el entusiasmo bárbaro que muestra por su trabajo y por ser mejor cada día. Es todo inspiración para la gente que disfrutamos haciendo fotos y que aun sin ser fotógrafos profesionales (y sin querer serlo) nos atrevemos a capturar algún momento musical bonito.



Toe

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